jueves, 15 de mayo de 2014

Entrada 8

que me digan todo lo que tengo que hacer
que vayan a donde yo no iría,
que piensen todo lo que quieran creer
que exploten
todo
todos
a los que no quiero reconocer
como míos
como intactos
como ángeles
como piedras
como inmortales
como infieles
como peones
como piezas
como puzzles.

que me hagan llorar hasta llorar
que no hay nada peor que
"a nation of one"
que necesitarse a veces
que convencerse a ratos
de que
a mí no me hace falta nada
para dejar de respirar por otro
cuando otro respira
como un peón
como una pieza
como un puzzle
como si fuera
sólamente
suyo


viernes, 14 de marzo de 2014

Karmacoma

"You sure you want to be with me? I've nothing to give"

No he hecho todo lo que me han pedido y me han devuelto todo lo que yo no.
He tenido la sensación de esperar y no me he querido morir en el intento.
He buscado entre los ojos unos que brillaran más que los que tenía al lado.
He hablado sobre la naturalidad, cuando nunca he conseguido echar raíces.
El mal de muchos me pilla siempre dentro.
He bajado el listón y ni con esas he podido pasar por encima.
He huido de muchas formas que no son medios de transporte.
He perdido el tiempo tanto, que el tiempo tanto me ha perdido.
He matado a la avaricia y me he llevado el saco intacto.
                                                   Se me ha roto el saco varias veces y se ha salido lo que había dentro.
He roto un corazón y lo he entendido, y a mí me han roto el mío y no lo entiendo.
He querido hasta morirme, he querido a matar y a mí sólo han querido matarme.

Pero he querido hasta morirme.

Como el más egoísta,
como el peor ególatra,
como el amor infiel,
como un niño irresponsable,
como un desgraciado,
conformista, drogadicto,
desmotivado,
sólo,
narcisista.,

enamorado.

Pero he querido hasta morirme,

lunes, 1 de julio de 2013

Vamos, sin estar invitados.

Somos como la uña que se clava en la carne, el clavo que se mete sin sacar el anterior o la alergia a los antihistamínicos. Ya no podemos ni agarrarnos a nosotros mismos, y es un problema porque no dejamos de caernos,
a los pies de alguien.

No se contemplan enteros sino mitades, y no se entienden las mitades sin sus ídem. Que sólo puedes correr si te agarran de la mano y levantarte si te cogen. 
De la ídem.

Nos hemos puesto a contar los fallos y a aprender de los aciertos, a bailar las canciones tristes y a asociar el cigarrillo con las ascuas,
en las que estamos.

Cómo vamos a hablar de la felicidad cuando lo que nos pesa es la desgracia, que a ningún pájaro le cuesta volar si lo único que lleva son plumas,
o cartas.

No sé cómo se me ha metido el amor ajeno en mi propia copa. - ¿Cuál es tu número favorito? - le digo.
- El dos, claro. - me contesta.

Si existiesen los extremos estaríamos todos muertos. Los medios casi nunca son suficientes cuando se trata de mantenernos,
vivos.

Las buenas maneras nunca funcionan, porque no queremos. Y aunque las nuestras sean malas, son las que nos mantienen en equilibrio,
entre estar vivos,
y no tener ganas de estarlo.


domingo, 30 de junio de 2013

Así estoy yo, sin mí.

He conseguido distinguir entre diferentes tipos de rojo y aun no he encontrado ninguno que se parezca al mío.

He intentado saltar más veces de la cuenta y el único sitio al que he llegado ha sido al fondo. Y a veces, hasta lo he tocado un poco.

He perdido la vergüenza cada vez que me miraban justo cuando no sabía qué decir. Por falta de palabras o por omisión de información. Y al final no he dicho nada.

Me he reconocido menos veces de las necesarias en los espejos, y el reflejo nunca se ha parecido lo suficiente a una sonrisa como para querer seguir buscándome.

He vuelto más veces que el asesino a la escena del crimen, y sólo he encontrado restos que me ha costado ver como míos. Y siempre he preferido dejarlos donde estaban.

He hundido tantos barcos que ya no me queda hierro en la sangre para construir unos nuevos. Y al final resultó que uno de esos barcos era el mío propio.

He enterrado tantos besos que he perdido los mapas para encontrar esos besos. Y se han acabado disolviendo en la arena.

Hay tantas cosas en mi cabeza que muchas de ellas se mezclan y pierden el sentido. Y luego no me he esforzado en ordenarlo todo y empezar a leer desde el principio.

Me he perdido tantas veces que incluso estando tú en el mismo sitio, también te he dado por lo mismo que yo; perdido.

Y he repasado tantas veces mi lista de tropezones que siempre me olvido de que el último,
todavía me tiene,

tirado en el suelo.



viernes, 21 de junio de 2013

2. y yo.

A veces se me olvida pensar en mí, y es que el tiempo se me echa encima cuando repaso la lista de personas por hacer; y claro, nunca me da tiempo de llegar a leer el "y yo" del final.

Vivo unos amigos que no me merezco. Río unas carcajadas que no son del todo mías y si juntas todas las horas que me han hecho esperar sale un número más alto que el mil.

Cada vez tengo menos secretos. Sobre todo para mí mismo, y es que el día que se me comió la lengua un gato descubrí que me quedaban otras seis más escondidas en la boca.

Fumo para acordarme del momento en que dejé de hacer caso a mis padres.

Llevo un anillo en la mano izquierda que me recuerda que en algún momento me casé con algo que aun intento entender.

He vivido en cinco sitios diferentes, y siempre he sido el único que se ha atrevido a llamar casa a alguno de ellos.

He gastado dos corazones y medio. Los dos primeros se acabaron rompiendo, y aun estoy esperando a que me llegue la segunda mitad del tercero.

Duermo diez horas al día y sobrevivo catorce de noche, y todos los días pierdo la cuenta de las veces que he ido a vaciar el cenicero.

Como por gula, escribo con soberbia y a veces quiero por envidia.

Espero que aproveches por mí todo el tiempo que paso repasando tu nombre,
y entiendas porque nunca llego,
a leer el "y yo" del final.

 

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Inacabado (II)

No sé si sabes una cosa,
pero en cuanto tiras la piedra, las consecuencias te suelen coger de la mano antes de que te dé tiempo a esconderla.

Ya sé,
que si no me convienes,
que si no te convengo,
que si no me tengo,
que si no te entiendo.

Hay veces que cuando los pies apuntan a un sitio sólo te queda echar a andar hacia allí. Y el pasado siempre detrás, en los talones.
Llámame Aquiles, si quieres.

Que joder, sólo quería verte una vez más
debajo de la lluvia de Prince,
morada,
o del color que tú quisieras.

Piensa que así no es que estemos mejor,
pero al menos estamos,
juntos,
o alguna otra palabra que no suene a piedra, consecuencia o escondida.