martes, 27 de diciembre de 2011

Hay dos tipos de personas: tú y el resto.


Tus palabras son las que más alto vuelan del mundo. Yo las soplo, pero tú las empujas mucho más fuerte. Y tus aviones llegan mucho más lejos que nadie, y cargan con mucho más peso que nadie, y me cargan a mí mejor que a nadie.

Tu orgullo, que es mi favorito, siempre te va a decir que no. Y yo siempre voy a darle la razón. Tu metro y medio de hierro es más alto que el metro y medio de paja que ve el resto del mundo en el ojo ajeno, y si tu rabia me inspira a enfadarme, tu amor me inspira a follarte.

Y tú me inspiras a tí.

Y tú me hueles a tí.

Cuando se trata de tí, sí. Soy un tirano. Te miro y me envuelves, y tus gestos me sonríen, y mis venas se contraen y tus pensamientos se anudan con los míos.

Pero sólo estoy yo. Pendiente, dependiente, interdependiente.

Constante.

Menos


Si encuentro alguna pista de dónde estás no te lo pienso decir; por mucho que me haya costado encontrarla. No puedo pagar los peajes que me piden tus aurículas, así que sólo puedo pedirle a tus ventrículos que me dejen pasar, contándoles mentiras de finales felices.

Tus sístoles y diástoles son los dimes y diretes que se pelean con mis intenciones, pero cuando estás entre la espada y la pared sólo te queda confiar en que tu presión, la misma que tienen tus venas, hará que todo explote llenándome las manos de arena.

Si me preguntan diré que me baso en historias de otros para contar la mía propia; porque lo que estamos haciendo no tiene nombre, excepto el tuyo y el mío disueltos en espuma del mar, que puede que acabe llegando a la playa.

Nos quiero


Cambia de vida y no dejes que te encuentren. Aun así, recogeme los ánimos del suelo y métemelos en la ropa interior, donde pueda verlos todo el mundo.

Salte de mi raya, engaña mis aduanas y cambia mis fronteras. Discute con mi política, gobierna con tus dedos y véndeme, véndame.

Ven, véndete.

Dispárate discursos al espejo.

No.

Nada.

Si al final va a ser verdad que eres increíble.

Vidas de un momento


Subió por las rosas que había en el balcón, y aceptó una copa de vino. Le pidió que se quisieran y lo hicieron, a ojos cerrados y el corazón en las manos. A la mañana siguiente se había ido, y él no lo entendió. La razón le llegó el día que le mataron, diciéndole que el amor dura lo que “el que menos quiere”, quiere.


*************


No le salía rentable pasar tanto tiempo pensando en ella, así que se fue a la otra punta del mundo para asegurarse de tener lejos la atracción casi gravitacional de su sonrisa. Lo que no sabía era que la tormenta le seguía, y es que el mordisco que le había dado lo tendría marcado para toda la vida

Despacio


El amor lento siempre aguanta más debajo del agua que el amor a primera vista; aunque éste te queme las pupilas de un golpe y te deje ciego, aunque solo sea para que al devolverte la vista te des cuenta de que al final todo era un cuento.

El amor lento te susurra mañanas a la oreja, te habla de tardes de cafés y cañas y te grita las noches mientras se agarra a la almohada. El amor lento cuesta; pero cuesta abajo, con dos ruedas y sin frenos.

¿Para qué? Para que podamos batir nuestro récord.

Enemigo abatido



Porque lo nuestro es el amor a quemarropa; de cerca y sin miramientos, de repente y sinsentido, de lejos pero sentido (el sinsentido). Yo te disparo pero tu no te proteges, y los cartuchos me los pongo en los dedos. Y me río.

"Nunca te hago y siempre quiero", y yo te hago, y te quiero. Cuando aparecen las lagunas de tu cerebro y los pájaros alrededor de tu cabeza es cuando corro a quitarte el pañuelo, pero haciéndote creer que tú te lo has llevado primero.

Y puede que mientras escuchas las notas de un violín desafinado y a la vez el silencio, me dejes verle las orejas al lobo, para meterme en la boca (del lobo) y no poder soltar prenda, ni por la fuerza del As de corazones que te guardas en la manga.

Cerrado


Siempre le decía lo mucho que le gustaban los reencuentros de aeropuerto; las intersecciones de las vías del tren, y ese circulito que sale en la esquina de la pantalla del cine en todas las películas. Le decía también que todas las nubes tenían forma y que el sol no se apagaría nunca; y que sus ojos siempre estaban mirando; a los suyos.

Sólo le insinuaba que le suspendiese los bemoles y que rodease su ombligo con el dedo. También que corriese una maratón por su piel; para hacerle más tarde cosquillas en la nuca y fumarse su aire y colocarse; y puede que volar. Y mientras esperaba, le comía el corazón con suspiros y se le teñía la lengua de rojo. El punto de la "Y" entre sus nombres se hacía cada vez más grande.

Pero en el fondo sabía que no iba a durar para siempre; asi que rellenó su equipaje con momentos, para dejarlos secarse y convertirse en recuerdos. Lo que no se esperaba era que no los volvería a ver nunca, porque por primera vez había decidido hacerle menos caso a su cabeza y había perdido la llave de las maletas.

Únicamente hacía falta que volvieran a verse para decidir, en lo que dura un parpadeo, que no iba a ir a buscarla nunca.

A veinte segundos de distancia


Mierda; y lo que le jodía reconocer que le encantaba hundir la mano en su pelo para que se la apartara de un manotazo. El quedarse mirando durante horas el lunar de su ojo; para poder buscarle una forma distinta cada vez, y ver como se movía cuando apartaba la mirada para reírse.

Y para aquel entonces uno y medio eran veinte, pero se habían pasado como un cometa. Ya que estaba, aprovechó para pedir un deseo; como siempre se hace. Seguro que le había dicho que pedir deseos en una lluvia de estrellas es hacer trampa, y que sólo valen las estrellas que van solas; las que sabía que jamás se estrellarían.

Y le gustaba ver el color que hacían sus labios con la espuma del café, el reflejo del alcohol en sus venas y el romper de la barrera del sonido con una carcajada corta. Aun así le seguía dando vergüenza el poder decirle que veinte no son nada sabiendo todo lo que le quedaba.

¿Sabes?, creo que en el fondo y muy en el fondo, se querían.

Por tí


Calla y conduce, me dice tu guitarra.

Y yo conduzco, a ninguna parte probablemente. Puede que por fin hayas decidido quedarte en el lado oscuro de la luna. Conduzco amenazado por tu revólver; cargado de miradas y de dientes; cargado de inspiraciones de domingo mezclados con hachís. Aunque te lleve a donde quieres llegar me dispararás de todas maneras esas ideas de tranquilidad y de serotonina, que hará que se pueda volar desde el sofá de un psio cualquiera.

-¿Te imaginas?- Lo pondríamos en nuestra terraza. Con tus notas de guitarra y mis arpegios de piano, Jim Morrison tararearía de fondo People Are Strange entre dientes.

Por cierto, creo que eres la única persona de pensamiento esdrujulado que conozco; que siempre se acentúa en su tercera sílaba. Así que pídete una tónica y a partir de ahora, toma nota.

Te odio


Espero llegar a tiempo, y poder evitar que la gente que te rodea te fusile con sus pensamientos, que son rápidos y puntiagudos, para que por lo menos antes de un año puedas quedarte mirándome para hacer que me dé un colocón de tequila y de adrenalina.

No hace falta que te diga que podría escalar la montaña más alta del mundo con mis uñas para llegar al concepto que tiene de mí tu cabeza, para enterarme de todo lo que no me cuentas con palabras y para robarte tus emociones, tus sentimientos y tus contradicciones, que muchas veces se ven volar con el humo de los cigarros que me haces fumarme.

Y aunque sea por culpa de tus neuronas que vibras, de tus huesos que se enfrían o de tus vidas no vividas, el contrabando de nervios es de las cosas que mejor se nos da, al menos de momento.

Sonríes


De tu entrecejo pueden salir sonrisas escondidas, pero sólo cuando tú quieres, o solo cuando yo las provoque. Puedes salir corriendo aunque sabes que te acabaré cogiendo, pero esto es solo un juego del que los dos conocemos las reglas.

Más me vale pájaro en mano que cien aviones volando 7 horas atrás en el tiempo, y más me vale guardarme mis instintos en el bolsillo de la fe, porque tu siempre andarás entre teorías de sexo sin-sentido y amor des-acompasado.

Los 10000 kilómetros pasan a micras cuando tus dientes hacen una linea curva, y cuando tus cejas no saben si decir que sí o negarse en rotundo pasamos al último nivel de teclas de piano que dicen ser letras de noche, por aquello de que hablemos en el idioma de las pupilas.

Y aunque sigas defendiendo tu fortaleza imbatible, acabará cayendo ante mis ataques de palabras desordenadas, de frases encasilladas y motivos a distancia, a una distancia de 10000 micras o menos

Devuelvo


Que si, joder, que ya te he dicho que no se me pasa, lo que no sé es porqué me pasa. Son tantas cosas y a la vez ninguna, y al final resulta ser como cuando coges un puñado de arena, que es algo muy pequeño, pero quieras o no quieras se te escapa de las manos por muy fuerte que tu aprietes.

Aun no he aprendido a contar los segundos, y eso que llevo mucho tiempo esperando. Puede que las distracciones del aburrimiento me ayuden a contar lobos que se comen a las ovejas del sueño, porque siempre me quedaba mirando el reloj esperando a nada.

Y para escribir sinsentidos ya estan mis dedos, que para mí el perro que ladra muerde, un buen árbol puede no cobijar nada y quien de verdad me quiere no me hace llorar (aunque a veces tampoco me haga reír).

Sin problemas


-He navegado por tu cuerpo hasta naufragar en tus ojos, y poder pasar mucho tiempo en tu pupila abandonada. He sobrevolado el Everest de tu barbilla y cavado hacia tu corazón. He recogido los tréboles de cuatro hojas de tu pelo y los he plantado en tus antípodas, y también he podido leerte los poros desde el tren de tus piernas.

-¿Y cual es el problema?

-Que nunca me ha gustado viajar.

Tengo un "tic"


Voy de paso, pero de qué paso depende. Soy muy rápido cuando oigo reir a la gente, sobre todo si la risa es sincera, porque me voy parando cuando la risa se vuelve mentira, pero a veces me gusta parame para recibir una bonita sonrisa de cualquier persona que esté queriendo a alguien.

Me gusta caminar más despacio para ver el aburrimiento. Me resulta bastante entretenido ver a la gente, en su casa, trabajo, colegio o universidad, gente a las 4 de la mañana, y gente que mira al suelo. Me suelo quedar quieto y observo, la verdad es que me tranquiliza mucho. Y por supuesto, cuando estás de vacaciones no me interesas para nada, ni cuando tienes muchas cosas que hacer no suelo quedarme por allí.

Estudié medicina, con especialidad de psiquiatría, y lo mio me costó. Desde luego me ha ido bastante bien, la gente suele decir que curo bastante bien a mis pacientes, aunque a veces me gusta que el tratamiento sea lento, pero casi nunca infinito.

Pero sobre todo, donde me paro en seco es cuando alguien me mira a los ojos, cuando el estómago me hace cosquillas que no son de hambre y cuando ese alguien pasa su dedo índice por mi espalda. Entonces me quedo quieto, incluso a veces cierro los ojos, y si los mantengo cerrados mucho tiempo no puedo comenzar a andar por miedo a chocarme con algo, así que muy pocas veces me quedo así para siempre.

Soy imparable, Invisible, Incoloro, Insípido, Inoloro e Inédito (siempre sorprendo con algo nuevo). Asi que, por tí mismo y por los dos, vamos a llevarnos bien...

(sin ti me falta el "tac")

Parches contra el enamoramiento


La mecha de nuestra conversación está a punto de hacer estallar la carga de dinamita de entre nuestras mentes. A la vez que yo soplo a escondidas para poder apagarla, tú te levantas sólo para volver a encenderla otra vez.

Que si, ya te lo he dicho, que soy psicólogo y te estoy analizando, pero mucho más profundo de lo que te imaginas, tanto tanto que voy donde no llega la luz del sol, y me pongo un casco con la bombilla de mis ideas que nunca te cuento, para que si se funde, no puedas leerlas nunca (para por si acaso).

Tú pídete un café cortado, que en realidad así estoy yo, y así estan mis palabras cuando hablan contigo, a medias. Morderé la cucharilla para que no me veas morderme las uñas, y para evitar morderte a ti en la boca.

Puedo decirte las manchas de las baldosas del suelo, son 342, y es que puedo jugar a cualquier cosa que vaya a contracorriente del imán de tus párpados, porque yá se que son peores que las trampas para osos.

Y ya te digo, y que te quede claro que durará lo que yo quiera, que puedo dejar de querer cuando me dé la gana (y de fumar también).

La sota (tú) y los tres sietes.


Me das alguien para escribir mis insomnios, pero yo no lo quiero. Tengo un tres de bastos en el bolsillo trasero, pero me resisto a guiñarte el ojo para decirte que ganaré la partida, por aquello de que me grites con la voz de la derrota.

Prefiero moverme de puntillas entre sus más profundos sueños, y poder tocar con mi orquesta hasta reventar los cristales de tus tímpanos, para mirarte mientras no despiertas nunca.

Me gusta un poco cuando el agua te llega al cuello, y respiras con una carcajada ahogada, para rellenar tus aveolos de sangre y humo, de la sangre de las risas y del humo de nuestros porros, porros de chocolate blanco.

Vas siempre una copa por delante de mis pensamientos, y un genio sale de lámpara cuando me sujetas las dos manos, y se lleva mi ansiedad para dártela en pastillas de energía ale(gría)górica, que pueden tornar tus pensamientos imperdonables en silencios de contrabajo.

Ocurre entonces cuando el túnes que acaba en tu sistema límbico y comienza en tus pupilas deja pasar al tren de los instintos, con impulsos de pasajeros, y a veces tienes miedo de que descarrile y todo de escape de tu control.

Las notas de tu voz superan o van por debajo de lo que cantan tus caderas, aunque sigues moviéndolas a pesar de que yo me empiece a poner rojo para acabar cantando con ellas.

Y por último decirte después de tanto tiempo que lo he descubierto, que el azúcar de tus venas es tan dulce que un poco más podría provocar diabetes.

Fórmula de física cuántica circular


Viajar como un rayo cósmico era lo que siempre había querido en realidad. Le llamaba la atención eso de atravesar los cuerpos con la radiación galáctica del hemisferio derecho de su cerebro, y aprender a leer entre las rayas de su camiseta y poder descibrar los jeroglíficos de sus camisas de cuadros.

Concentraba toda la energía espacial en el sistema solar que giraba alrededor de su cabeza, ya que él mismo era el que estaba girando en la órbita de alrededor suyo, y si la física era cierta, acabarían colisionando sin remedio alguno.

Pero en realidad era bastante distraído, por lo que muchas veces perdía la dirección a seguir, cambiando de órbita a galaxias muy lejanas, tan, tan lejanas que acababan teniendo el mismo futuro que las primeras, una sacudida en su arteria cerebral la cual nunca podría evitar.

París ya no volverá a quedarnos.


Nunca había creído en el destino ni tampoco lo hizo esta vez -coincidencia, se podría decir-. Supo desde siempre que le había costado muy poco eso de llenar la cabeza de ideas estúpidas como prohibir los cazamariposas, todas las locuras peliculeras y el poder hablar con verbos en la conjugación del tiempo-conjunto.

Inamaginaba levantar la vista y reflejarse en sus pupilas, esuchar su canción favorita en el castañeteo de sus dientes, y en buscarse en la forma de las nubes (sobre todo, porque había alta probabilidad de que se encontrasen yuxtapuestos).

Ahora sólo tocaba furmarse el invierno, para echar vaho por la boca dibujando ilusiones con su lengua, y ver si el pasado le regalaría el mapa para llegar a la X del futuro, para poder viajar en el tiempo con su mente y con las yemas de sus dedos, para poder dibujarle en la nieve todo lo que le haría y todo lo que se querían.

Paseaba por las pasarelas de los axones de sus neuronas, coleccionando las descargas de sus pensamientos, para guardárselos en el bolsillo con agujero, y más tarde perderlas teniendo la excusa de que fué sin querer.

Y esque nunca le gustó insistir, asi que lo hacía sólo a veces, poquito a poquito, para que las cosas nunca tomaran a dirección contraria, aunque ya se sabe que todos los caminos llevan a Roma, pero entrando por la "a".

Revólver

Porque cuando te digo algo sólo sé hablar en minúsculas. Es como cuando pides que te trague la tierra, que quieres desaparecer como una bomba de humo o evaporarte para convertirte en nube (pero en una nube de tormenta).

Porque es tan cierto como la gravedad que hay un electromagnetismo inverso en nuestros ojos; que hace que no te pueda devolver la mirada, por más de 0.001 segundos. Pero con eso es suficiente, porque nuestras miradas viajan más rápido que la luz fluorescente.

Porque puedes escuchar de noche y cuando no pasan coches los acordes de nuestros pasos tocando nuestra canción en las baldosas de la acera.

Joder; cuánto me gusta tararear esa canción entre dientes.

Abstinencia


Prometo que podría quererte para toda la vida. Pero no para siempre.

Hay cosas que como siempre seguiran superándome; como los ojos con los que me escuchas; las manos con las que me miras y el poder leerte los labios cuando no me dices nada. Sé que siempre seguirás igual, me da igual.

Olfatearás mi ausencia de colonia cuando pases por mi lado, y estoy casi seguro de que me mirarás de reojo. No dirás nada, aunque luego por la noche te decidas a dirigirme la palabra; con la mirada, claro. Aunque para claro, no había nada para nosotros. Siempre íbamos y veníamos de un lado a otro.

A veces me soplabas el oído, y yo te contestaba; pero sin hacer nada. Nos pedíamos caricias a distancia; y cuando te enfadabas, te daba por barrer la casa entera. Hacíamos cosas que solo se pueden hacer en las canciones, y veíamos películas que sólo podíamos protagonizar nosotros.

A mi tambien me lo parecía. El agua de esa piscina esta jodidamente helada. Pero nos daba igual, y nos metíamos muchas veces; aunque sólo hasta los tobillos. Me acuerdo que nos encerrábamos por fuera; y luego no podíamos salir, de entre nosotros.

Tocábamos canciones de luces negras (a escondidas), y bebíamos, y fumábamos, y limpiábamos, y discutíamos, y queríamos, y volvíamos a lo mismo, y tocábamos, y respirábamos, pero nunca hablábamos.

Y no nos despedíamos.