martes, 27 de diciembre de 2011

Despacio


El amor lento siempre aguanta más debajo del agua que el amor a primera vista; aunque éste te queme las pupilas de un golpe y te deje ciego, aunque solo sea para que al devolverte la vista te des cuenta de que al final todo era un cuento.

El amor lento te susurra mañanas a la oreja, te habla de tardes de cafés y cañas y te grita las noches mientras se agarra a la almohada. El amor lento cuesta; pero cuesta abajo, con dos ruedas y sin frenos.

¿Para qué? Para que podamos batir nuestro récord.

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