miércoles, 19 de diciembre de 2012

Inacabado (II)

No sé si sabes una cosa,
pero en cuanto tiras la piedra, las consecuencias te suelen coger de la mano antes de que te dé tiempo a esconderla.

Ya sé,
que si no me convienes,
que si no te convengo,
que si no me tengo,
que si no te entiendo.

Hay veces que cuando los pies apuntan a un sitio sólo te queda echar a andar hacia allí. Y el pasado siempre detrás, en los talones.
Llámame Aquiles, si quieres.

Que joder, sólo quería verte una vez más
debajo de la lluvia de Prince,
morada,
o del color que tú quisieras.

Piensa que así no es que estemos mejor,
pero al menos estamos,
juntos,
o alguna otra palabra que no suene a piedra, consecuencia o escondida.

viernes, 14 de diciembre de 2012

Inacabado (I)

Hablo de ti porque de mí ya no sé nada.

Me levanto para prepararle el desayuno a la inercia, o para no hacerle la putada al sol, y darle las gracias por el color de ojos que te pone cuando le miras directamente.

No hay suficientes drogas en el mundo, incluyendo las que no tienen receta, que puedan hacerme sonreír tanto como tu mano en mi espalda.

Como tu lengua en mi culo.

Como tu espada en mis paredes.

Puede que se me hagan las once, no sé si de la mañana o de la noche, y no hay dormido aún pensando en ti. Me da miedo dejarle mis sueños al azar y que por casualidad no aparezcas y me toque otra vez.

Echarte de menos.

Pero bueno, mientras haya papel de toda clase seguiré pensando sin miedo a quedarme con un "puede que no se entere nunca".

Mientras siga lloviendo dos de cada tres días seguiré creyendo que es invierno. Y menos mal que a las seis viene la luna a decirme que por lo menos, la compartimos a ella.

A veces se ríe y me dice que ojalá no llegue el día que me toque subir tan alto, y ya no por el vacío, si no por el vértigo. Yo le digo que me da igual, y que en el momento que me cojas de la mano o de donde quieras subiremos a despeinarla y con suerte, a quitarle el puesto.

Pero yo aquí estoy,

esperando el "manos arriba, esto es un arresto".

domingo, 2 de diciembre de 2012

#1

Y puede que nos digan que no. Y a sabiendas de que da igual. De que somos como piedras y tropezamos con verdades que se enamoran de nosotros y siempre dará igual; porqué no. No nos cansaremos nunca de querer y que nos cueste. Que nos acuesten. Cueste lo que cueste.

Esperaremos los veinte cigarrillos de un paquete para contar los tres escalones del tren en bajito, a la vez que sus tacones. Juraremos que sólo ella será la chica Bond, la reina de su cama o la que se levanta antes que tú para empujar el sol por las mañanas. Y quedarse dormida a tu lado. Aunque sea de espaldas.

Venderemos el sofá para que nos manden a dormir al suelo y sentirla en el espacio.

Aunque vuelvas siempre a lo mismo, a tu cama y al porro, al poema y sus letras de tus manos. A darte igual la lluvia y a despeinarte el pelo. A acordarte de ella con la mano en la polla y a ver todas las formas convexas y puntiagudas. A recitar su nombre y llorar con sus poemas.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Acción. Por obligación.

Y claro, a ninguno de los dos les gustaba estar tan solo. Y claro, no vieron lo que se les venía encima cuando decidieron cruzar los dedos en los del otro y esperar el desastre; en vez de cruzarlos con los suyos propios y esperar la suerte.

Y claro, como estaban de espaldas a la tormenta ella tenía todo el tiempo del mundo para dejar que él se perdiese en su sonrisa. Y claro, la lluvia por la espalda le acabó mojando más de la cuenta y ella simplemente dejó que naufragara en su saliva, para protegerle de la lluvia.

Y claro, la lluvia no acabó por ponerle el agua al cuello, pero ella acabó por ponerle la saliva de corbata, los sueños de nudo y los nudos corredizos. Y claro, como nudos se corrieron. Y ella sonrió cuando limpiaba los pinceles y él lloró cuando guardaba los óleos.

Y claro, de llorar acabó borrando el cuadro, y en un "joder" por lo bajo vió como el agua de la lluvia, de las lágrimas y de la ducha detrás de la cortina de humo para ella eran la misma.

lunes, 12 de marzo de 2012

Lo que me dice el viento del invierno.


Esta noche vamos a bebernos el planeta,
vamos a comernos el mundo,
vamos a retorcernos la Tierra.

Voy a encender tus altavoces,
voy a explotar tus miradas,
voy a esperar tus gritos,
voy a desgastar tus paciencias.

Voy a tocarte,
a tí y a tus canciones;
a firmar mis contratos,
a saltarme tus cláusulas;
a follarme la letra pequeña.

Esta noche voy a beberme el planeta,
voy a comerme tu mundo,
voy a llenarte las bragas;
de tierra.

Y de mí, por supuesto.

miércoles, 8 de febrero de 2012

5:30 AM.


Se mordía los labios. Aún faltaban dos horas para el desayuno, y tenía que ocupar su tiempo y sus deseos en él; fuera como fuese. Afortunadamente, el coche era demasiado pequeño como para respirar aire nuevo, y cada bocanada le sabía a un paso más cerca de lo que consideraría sólo una victoria más de toda su guerra.

Se ahogaba, pero no le importaba. En ese momento, lo único que le ocupaba la cabeza era lo que había entre sus piernas. Las suyas y las de él. Sólo quería empañar los cristales como en "Titanic", recorrer su cuerpo con sabor a fresa y nata como en "Nueve semanas y media" y sentirse, por muy mal que sonase, como la puta de "Pretty Woman".

Le insinuó todas las armas que guardaba bajo la falda; dejó escaparse un suspiro ahogado y recorrió su cuello con la mano. La verdad, tampoco resultaba tan difícil después de que había bebido unas copas más de la cuenta.

A él tampoco le pilló muy de sorpresa. Tampoco tenía otra cosa en la que dejar pasar sus horas, así que dejó que se lo llevara el viento del aire acondicionado; y apagó el motor, para encender el suyo propio.

Las historias cambian desde los ojos de donde se sienten. Ella ahora lo cuenta como lo que tenía planeado, una victoria entre otras derrotas de la guerra de aquella noche.

Faltaban diez minutos para el desayuno, solo que él seguía teniendo hambre. Mientras, ella se había llenado el estómago de gritos, escalofríos y arañazos de unas uñas mordidas por las apetencias de algo muy distinto a lo que él le había ofrecido: las desganas y un revólver capaz de disparar a sus minutos más inútiles.

martes, 7 de febrero de 2012

Las peleas de la "Y" y del "no".


Una vez me crucé por la calle con una chica muy guapa. No me dijo nada, pero andaba muy rápido, y me dedicó una mirada que me contó todas sus ganas. Era una de esas personas que lo querían todo, pero que se conformaban con más bien poco.

Su cuerpo tenía forma de guitarra, y sus dedos forma de teclas de piano; pero como ella era de corazón desacompasado, se decicó a desfibrilar los talentos de otros. Para revivirlos más y mejor que nunca; aunque fuese sólo para que disfrutasen por sí mismos.

Vivía en la sombra del tiempo, y todos los días intentaba encender el Sol para poder salir, viajar, volar y plantar sonrisas en las caras de la gente.

Se podía ver que tenía sensibilidad múltiple a los puntos medios, y es que siempre caminaba por el borde de los extremos, de puntillas y sin paraguas. El equilibrio no consistía en no caerse, si no en pensar que es imposible caerte. Por supuesto, jamás contemplaba la posibilidad de mirar hacia abajo; eso, pensaba ella, era para los débiles.

Pero compensaba esta enfermedad con placeres de cualquier vida tranquila, con cervezas a las cuatro de la tarde y sueños de por la mañana. Para cuando la llegases a tocar, ella te había tocado diez veces; y para cuando la llegases a entender, ella te habría sorprendido. Si, diez veces.

Me hizo pensar que no hablaba mi mismo idioma, porque las frases en mi boca seguían los raíles de sus pensamientos; y claro, se olvidaban de seguir los míos propios.

Pero volviendo a lo que decía; que por mucho que griten los demás instrumentos la guitarra no se queda callada.

lunes, 6 de febrero de 2012

Ensayo sobre ciencias inexactas.


No se la podía sacar de la cabeza ni con una tableta de aspirinas. La gente le había aconsejado esperanzas de mentira, sólo para recibir alguna de sus bonitas sonrisas; pues ahora las gastaba todas en ella y no le quedaba ninguna para ahogarla en una cerveza con amigos.

Salía de casa 2 horas antes de entrar al trabajo. Quería tomar el camino largo, y tal vez pudiese verla esperando en un semáforo. A veces le costaba admitirlo, pero su reflejo en los charcos que ella iba pisando hacía que se viese distinto.

La tenía en el punto de mira, y tenía el anular puesto en el gatillo; por si había que echarle las culpas a alguien, pues era su dedo flojo. Lo que pasaba es que ella todavía no lo sabía; pero él ya había inventado mil formas de enrevesar las palabras y coincidir en los pestañeos, para no perderse ni un segundo.

Supuso que era más fácil que dejar de fumar. Se encendió un cigarrillo y revisó un minuto su lista de excusas baratas. Cualquiera le valía, y no perdía nada en intentarlas todas. Decidió dejar de lado las historias de otra gente, y empezó a escribir la suya propia. Se acercó despacio a ella y le contó al oído el final de su novela.

- Voy a hacer que te enamores de mí para quitarme este interés que tengo por ti.

La mezcla de intriga y de sorpresa le borraron la barra de labios. Desde luego; no iba a ser ella, ni tampoco su orgullo los que perdieran la batalla. Siempre había escrito sus finales, y le había dado igual cual fuese el principio. Y como a todas las chicas bonitas, el tipo de final que le gustaba era de color parecido al rosa.

Él le había dejado pasar su aduanas, y le había concedido un crédito de por vida, un piso en la playa y un hotel a pensión completa. Supo escribirle un cuento en la cabeza con un sobrenombre parecido a “futuro”, y dejó que ella firmase sin leer la letra pequeña.

La historia que les siguió desde entonces no fue otra más que una cualquiera. Le llenaba los martes de rosas, incluso conseguía hacerla reír los domingos. Logró clavarle una espada por la espalda a la confianza, y parecía que la culpa no se acordaba del camino a su casa.

Al final, y como era de esperar, el dedo le acabó fallando. Con un poco de “a propósito” le disparó al corazón a quemarropa. Todas las intenciones sin cumplir de suicidio que guardaba ella, para él significaron alivio; libertad; vida nueva.

Desde entonces, de ella jamás se supo nada.

Respecto a él; después del colocón de éxito que le llenaba el cuerpo sólo le quedaba volver a caer. Fue una noche sin más; la que al doblar una esquina le atracó el remordimiento, quitándole la media sonrisa, la amnesia producida por el momento, y la cartera llena de “no me llores, que tú te lo has buscado”.

jueves, 2 de febrero de 2012

Ahora soy todo lo contrario al ruido.


Se me ha olvidado escribirte historias. Tú tienes la cartera llena, y yo los bolsillos vacíos. Te las has tragado todas. Todas y cada una de mis palabras. Pero escucha, no las cuentes por ahí. Podrías hacer que se les fuese la magia, y eso las haría menos volátiles. Al final, lo que cuenta es que te hagan volar, ¿no?

Dentro de ellas me olvidé muchas cosas; algunas a propósito, y otras simplemente se quedaron. Nunca te dije que no las inventaba. Siempre las leía cada vez que callejeaba por tu cuerpo; y claro, nunca tenían final porque siempre me acababa perdiendo.

En algunas te dejaba la piel para que te hicieras un abrigo, y mientras tanto me mirabas desde arriba. Esas eran las malas, pero por suerte, siempre he sabido ponerte la guinda encima. Siempre intentaba acabarlas en aeropuertos sin aviones; dos entradas de cine; y alguna caja de condones.

Ahora me queda sólo mirarte. Escucharte tus canciones y reírme de tus bromas; y también de tus desgracias. Pero ésta no me la devuelves, y te vas al infinito a regalárselas a cualquiera.

Se me ha olvidado contar tus excusas. Tú tienes la cartera vacía; y yo los bolsillos rotos; desde hace un rato.

sábado, 28 de enero de 2012

Lo sé. Llego tarde


Joder, lo estoy notando. No sé porqué te esfuerzas en dejar la distancia de seguridad. Un palmo, para ser más exactos. ¿No ves que con las ganas te estoy pidiendo un accidente?

La seguridad en ti se vuelve violenta. Violenta e incómoda; vamos, todo lo contrario. Seguridad, distancia, lo que sea. En tu cabeza el eco de esas palabras siempre devuelve el mismo sonido. Nada.

Sabes que la soga no se va a romper. Tenemos que partirnos los brazos, no el corazón. Yo no voy a dar más de sí, pero tú tampoco. Las ganas tiran con mucha fuerza, pero la inseguridad tiene una base imposible de comprender. Tiene los mejores matemáticos a su cargo, y conoce teorías que nadie jamás podrá entender.

Las etiquetas de otros se sienten más fuerte en la propia piel, y son fáciles de desacreditar desde fuera. Yo tengo miedo, y para mí las distancias cortas tienen el tamaño de una misma habitación.

Sin embargo tú, sólo tienes que correr. En dirección contraria a ser posible.


No te preocupes, ya tiro yo de la soga; que tengo vacío el estómago, y puedo llenarlo con tus nervios y con los míos.

martes, 24 de enero de 2012

Cruce de vías férreas (o sabios los que los dejan creer que "ganan").


Hay muchos tipos de excusas, pero algunas colocan más que otras.

Un día una chica se enamoró de un chico; pero había mucho tráfico, y se acabó enamorando de esperarle. Todo tenía sentido, hasta que él aparecía. Para ella sólo se limitaba a regalarle el sueño por las noches, mientras echaba de menos echarlo de menos.

Cuando él se iba, ella ganaba; decía. Cuando en realidad lo que pasaba es que él la estaba dejando ganar. Le estaba regalando el amor en puñados cada vez que daba un portazo, o que le hacía esperar en la cama; entre el teléfono, un paquete de tabaco demasiado pequeño y la puerta de entrada. Y claro, eso a él le estaba dando beneficios. O eso pensaba.

Vivir de las ganas no es una buena forma de vivir. En realidad, él se creía un genio. Todo seguía el camino correcto; pero como cualquier otra droga, dosis a dosis ella quería más. Hasta que no le quedó más remedio que esperarlo para siempre.

*****

Todavía no he aprendido a perder. Y espero no hacerlo nunca; porque los reencuentros son demasiado buenos. Incluso cuando luchan con los descontentos, que ellos sí que pierden; que ellos tampoco saben. El balance es claramente positivo.

No es difícil confundir que creas que has ganado, con haber perdido. Lo que sí que está seguro es que es imposible que uno gane y otro pierda. Después de un momento, el éxito y el fracaso se tensan, hasta que uno de los dos se rompe; y le deja el camino libre al otro. Para todos. Para dos, o puede que para más.

(Para él, para ella; y para el resto, espera).

Para F. Quien hace que me crea que gano, cuando en realidad es siempre un "ganamos".

domingo, 22 de enero de 2012

Tu aire es el único que puede salvarte.


Te lo digo. Me lo creo. Tú, por supuesto, también.

De nada por evitarte dolores, quebraderos, pérdidas y demás cosas; de cabeza. Perdona por provocarte desconfianzas, sospechas, orgasmos y demás cosas; ajenas.

Te sujeto las miradas con vendas de cuero, pero te hago sentir que son de satén. Te sujeto a mis palabras con hilo de coser. De coserte las costuras, de fruncirte los ceños y de mentirte; sin confesarte.

A veces, incluso me atrevo a cojer los trenes que estacionan en tus acciones. Una vez te dije que compraba el billete con destino a las verdades. Como un crío, eché cerillas a tus buzones, y cartas; a otros muchos corazones.

Te bajo las nubes, te subo al cielo, pero te guardo en el infierno. Sin solarte la mano ni un momento; sólo para que creas que puedo salvarte.

Sopla.

Las cortinas de humo son sólo eso. Humo.

jueves, 19 de enero de 2012

La venus atrapamoscas


Aún llevo puestas tus heridas de guerra. No me las quito nunca, por si alguna vez se me olvida que no quiero cruzarme contigo. De hecho, todavía escuecen. Así que me agarro al dicho; el alcohol cicatriza todo, incluso los arañazos más profundos. Incluso los besos más superficiales.

Llueve. Hoy llueves. Yo también lluevo, pero tengo mis motivos. Dejé la capucha en casa, y la pena en el paragüero.

Tenías las palabras en el bolsillo derecho, y las mentiras en el bolsillo izquierdo. Espero no tener que recordarte, ni con qué mano escribes. Estaba claro cual de los dos llevaba el agujero hecho.

Salí a dar un paseo con la mala suerte, pero ni con esas tuve la ocasión de encontrarte; y presentaros. Que yo también sé cantar canciones tristes, ahogarme en los vasos de agua y echar a volar con alas de cera.

Quien ríe el último ríe mejor.

Enhorabuena.

A mí se me ha olvidado como se hacía.

miércoles, 18 de enero de 2012

Así te llamo yo.


Vivo solo. Y me va bien; pero ya no pienso, igual es porque faltas tú.

No te quiero. Yo no te diría algo así. Se que para tí eso esta muy alto, y caerse desde ahí debe de doler mucho. Una vez conocí una chica que puso el pie fuera de la confianza, y de los favores sin vuelta.

Era una de esas chicas que se caen en los charcos. Se tomaba su tiempo para reírse, hundir el pelo en el agua y más tarde levantarse. Y luego claro, quejarse de lo sucio que llevaba el pelo, y que por culpa de eso no la iba a querer nadie.

Yo sabía que eso era mentira. Sabía que podía pegarle un chicle al pelo, y que los dientes que bailaban con las carcajadas me seguirían sonriendo.

Me gusta mucho verla enfadada. Igual es por esto por lo que la última carta del karma, que suele ser el Rey de Bastos, me dé la mano cada poco tiempo. Aún se confunde, y me divierte. No sabe llorar si no es para reír a la vez; y no sabe pensar si no es para pensarte. A la vez.

Con sólo medio no me llega para tanto, pero me atrevo.

Te quiero. Estás empapada.

martes, 17 de enero de 2012

Nuestra sinestesia, sin anestesia.


Joder, lo siento. En serio, me sale solo. Espero que no te moleste; que te incluya en mis plurales.

*****

Bienvenido a ninguna parte. No esperes nada; aunque sea todo, lo que pueda darte.

*****

- ¿A quién quieres más, a ti o a mí? - Nos quiero a los dos igual. - ¿Cuánto? - Tanto como todo lo que queda por hacernos.

*****

Es imposible. No puedo pensar sólo en tí. Si quieres, puedo pensar en nosotros.

*****

Estoy temblando; de nervios, claro. Nunca admitiría que estás a muchos grados bajo cero.

*****

Todo lo nuestro se reduce a canciones.

viernes, 13 de enero de 2012

Deshagan juego.


Era la única persona, entre miles. No sólo porque estuviese sola, si no porque también sus intenciones eran diferentes.

Se sentó, pidió una copa y sonrió. Jugaba con las fichas como queriendo decir que no eran suyas. La gente no se percató de qué la sonrisa no era para ellos, si no para sí misma. - Es igual. - Pensaba ella. Era demasiado bonita como para compartirla. Al menos, de momento.

Jugaba para perder; para perderse y encontrarle. Guardaba la esperanza en el monedero, y los billetes en la mesa de juego.

Nunca había creído en supersticiones, pero aquella noche se lo jugó todo a doble o nada. Se mordía los labios, masticaba la incertidumbre y se agarraba a cualquier cuento chino. Después de la resignación, solo le quedaba un camino que tomar.

Le enseñaba el dedo corazón a su suerte, y apostaba su corazón en martes y trece. Ponía al mundo en su contra, y amenizaba sus ratos muertos inventándose listas de sus números menos favoritos. Tenía todo que perder.

Y perdió.

Fue entonces, y sólo entonces, cuando se dio cuenta de que la compensación no existe; de que buscando no se encuentra; y de que el azar reparte suerte, no compañía.



Para I. del O., quien me ha repetido tantas veces lo mucho que la quiero gracias a su mala suerte. Pero lo que yo le repita es otra historia.

jueves, 12 de enero de 2012

Instrumentos de medir, para sentir.


Tomó la autopista de los celos. Total, siempre había estado pensando en el final; incluso desde el principio.

No se lo había dicho a nadie. Se había limitado a sonreír al suelo, y ya sólo podía mirarle con un vaso de vino de por medio; o a través del humo de lo que ella decía que era un cigarrillo.

Aunque las confidencias, los miedos e incluso los mordiscos de la almoahada seguían sabiendo a gloria; revisar sus pensamientos le empezaba a saber a rancio. Ya no sabía terminar sus frases como antes, y se le había olvidado quererle en serio.

Las mañanas le sabían a arrepentiemiento, y la justicia personal había perdido la cabeza. Se había vuelto una experta en pretender un futuro perfecto; construyendo los cimientos sobre un pasado imperfecto.

Sin embargo, él acabó hipotecando su vida para hacerle un jardín de rosas. Hubiera perdido lo que fuese con tal de ganarla a ella, y hubiese firmado un contrato con el diablo; sólo para salvarla a ella del infierno.

Saboreaba cada segundo, respiraba cada minuto y se ahogaba en ella cada noche. Lo que veía es lo que creía. Lo que había, no lo quería ver. O quizás no sabía verlo.

Después de no mucho tiempo, y de unas cuantas promesas caducadas, ella decidió dejar la autopista y conducir hacia el vacío. Pensó que dejándolo solo podrían aprender a vivir; cada uno a su manera, sin miramientos.

Sin cruzar los sentimientos.

Ella con sus metodos, y él con sus pensamientos.