sábado, 28 de enero de 2012

Lo sé. Llego tarde


Joder, lo estoy notando. No sé porqué te esfuerzas en dejar la distancia de seguridad. Un palmo, para ser más exactos. ¿No ves que con las ganas te estoy pidiendo un accidente?

La seguridad en ti se vuelve violenta. Violenta e incómoda; vamos, todo lo contrario. Seguridad, distancia, lo que sea. En tu cabeza el eco de esas palabras siempre devuelve el mismo sonido. Nada.

Sabes que la soga no se va a romper. Tenemos que partirnos los brazos, no el corazón. Yo no voy a dar más de sí, pero tú tampoco. Las ganas tiran con mucha fuerza, pero la inseguridad tiene una base imposible de comprender. Tiene los mejores matemáticos a su cargo, y conoce teorías que nadie jamás podrá entender.

Las etiquetas de otros se sienten más fuerte en la propia piel, y son fáciles de desacreditar desde fuera. Yo tengo miedo, y para mí las distancias cortas tienen el tamaño de una misma habitación.

Sin embargo tú, sólo tienes que correr. En dirección contraria a ser posible.


No te preocupes, ya tiro yo de la soga; que tengo vacío el estómago, y puedo llenarlo con tus nervios y con los míos.

martes, 24 de enero de 2012

Cruce de vías férreas (o sabios los que los dejan creer que "ganan").


Hay muchos tipos de excusas, pero algunas colocan más que otras.

Un día una chica se enamoró de un chico; pero había mucho tráfico, y se acabó enamorando de esperarle. Todo tenía sentido, hasta que él aparecía. Para ella sólo se limitaba a regalarle el sueño por las noches, mientras echaba de menos echarlo de menos.

Cuando él se iba, ella ganaba; decía. Cuando en realidad lo que pasaba es que él la estaba dejando ganar. Le estaba regalando el amor en puñados cada vez que daba un portazo, o que le hacía esperar en la cama; entre el teléfono, un paquete de tabaco demasiado pequeño y la puerta de entrada. Y claro, eso a él le estaba dando beneficios. O eso pensaba.

Vivir de las ganas no es una buena forma de vivir. En realidad, él se creía un genio. Todo seguía el camino correcto; pero como cualquier otra droga, dosis a dosis ella quería más. Hasta que no le quedó más remedio que esperarlo para siempre.

*****

Todavía no he aprendido a perder. Y espero no hacerlo nunca; porque los reencuentros son demasiado buenos. Incluso cuando luchan con los descontentos, que ellos sí que pierden; que ellos tampoco saben. El balance es claramente positivo.

No es difícil confundir que creas que has ganado, con haber perdido. Lo que sí que está seguro es que es imposible que uno gane y otro pierda. Después de un momento, el éxito y el fracaso se tensan, hasta que uno de los dos se rompe; y le deja el camino libre al otro. Para todos. Para dos, o puede que para más.

(Para él, para ella; y para el resto, espera).

Para F. Quien hace que me crea que gano, cuando en realidad es siempre un "ganamos".

domingo, 22 de enero de 2012

Tu aire es el único que puede salvarte.


Te lo digo. Me lo creo. Tú, por supuesto, también.

De nada por evitarte dolores, quebraderos, pérdidas y demás cosas; de cabeza. Perdona por provocarte desconfianzas, sospechas, orgasmos y demás cosas; ajenas.

Te sujeto las miradas con vendas de cuero, pero te hago sentir que son de satén. Te sujeto a mis palabras con hilo de coser. De coserte las costuras, de fruncirte los ceños y de mentirte; sin confesarte.

A veces, incluso me atrevo a cojer los trenes que estacionan en tus acciones. Una vez te dije que compraba el billete con destino a las verdades. Como un crío, eché cerillas a tus buzones, y cartas; a otros muchos corazones.

Te bajo las nubes, te subo al cielo, pero te guardo en el infierno. Sin solarte la mano ni un momento; sólo para que creas que puedo salvarte.

Sopla.

Las cortinas de humo son sólo eso. Humo.

jueves, 19 de enero de 2012

La venus atrapamoscas


Aún llevo puestas tus heridas de guerra. No me las quito nunca, por si alguna vez se me olvida que no quiero cruzarme contigo. De hecho, todavía escuecen. Así que me agarro al dicho; el alcohol cicatriza todo, incluso los arañazos más profundos. Incluso los besos más superficiales.

Llueve. Hoy llueves. Yo también lluevo, pero tengo mis motivos. Dejé la capucha en casa, y la pena en el paragüero.

Tenías las palabras en el bolsillo derecho, y las mentiras en el bolsillo izquierdo. Espero no tener que recordarte, ni con qué mano escribes. Estaba claro cual de los dos llevaba el agujero hecho.

Salí a dar un paseo con la mala suerte, pero ni con esas tuve la ocasión de encontrarte; y presentaros. Que yo también sé cantar canciones tristes, ahogarme en los vasos de agua y echar a volar con alas de cera.

Quien ríe el último ríe mejor.

Enhorabuena.

A mí se me ha olvidado como se hacía.

miércoles, 18 de enero de 2012

Así te llamo yo.


Vivo solo. Y me va bien; pero ya no pienso, igual es porque faltas tú.

No te quiero. Yo no te diría algo así. Se que para tí eso esta muy alto, y caerse desde ahí debe de doler mucho. Una vez conocí una chica que puso el pie fuera de la confianza, y de los favores sin vuelta.

Era una de esas chicas que se caen en los charcos. Se tomaba su tiempo para reírse, hundir el pelo en el agua y más tarde levantarse. Y luego claro, quejarse de lo sucio que llevaba el pelo, y que por culpa de eso no la iba a querer nadie.

Yo sabía que eso era mentira. Sabía que podía pegarle un chicle al pelo, y que los dientes que bailaban con las carcajadas me seguirían sonriendo.

Me gusta mucho verla enfadada. Igual es por esto por lo que la última carta del karma, que suele ser el Rey de Bastos, me dé la mano cada poco tiempo. Aún se confunde, y me divierte. No sabe llorar si no es para reír a la vez; y no sabe pensar si no es para pensarte. A la vez.

Con sólo medio no me llega para tanto, pero me atrevo.

Te quiero. Estás empapada.

martes, 17 de enero de 2012

Nuestra sinestesia, sin anestesia.


Joder, lo siento. En serio, me sale solo. Espero que no te moleste; que te incluya en mis plurales.

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Bienvenido a ninguna parte. No esperes nada; aunque sea todo, lo que pueda darte.

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- ¿A quién quieres más, a ti o a mí? - Nos quiero a los dos igual. - ¿Cuánto? - Tanto como todo lo que queda por hacernos.

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Es imposible. No puedo pensar sólo en tí. Si quieres, puedo pensar en nosotros.

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Estoy temblando; de nervios, claro. Nunca admitiría que estás a muchos grados bajo cero.

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Todo lo nuestro se reduce a canciones.

viernes, 13 de enero de 2012

Deshagan juego.


Era la única persona, entre miles. No sólo porque estuviese sola, si no porque también sus intenciones eran diferentes.

Se sentó, pidió una copa y sonrió. Jugaba con las fichas como queriendo decir que no eran suyas. La gente no se percató de qué la sonrisa no era para ellos, si no para sí misma. - Es igual. - Pensaba ella. Era demasiado bonita como para compartirla. Al menos, de momento.

Jugaba para perder; para perderse y encontrarle. Guardaba la esperanza en el monedero, y los billetes en la mesa de juego.

Nunca había creído en supersticiones, pero aquella noche se lo jugó todo a doble o nada. Se mordía los labios, masticaba la incertidumbre y se agarraba a cualquier cuento chino. Después de la resignación, solo le quedaba un camino que tomar.

Le enseñaba el dedo corazón a su suerte, y apostaba su corazón en martes y trece. Ponía al mundo en su contra, y amenizaba sus ratos muertos inventándose listas de sus números menos favoritos. Tenía todo que perder.

Y perdió.

Fue entonces, y sólo entonces, cuando se dio cuenta de que la compensación no existe; de que buscando no se encuentra; y de que el azar reparte suerte, no compañía.



Para I. del O., quien me ha repetido tantas veces lo mucho que la quiero gracias a su mala suerte. Pero lo que yo le repita es otra historia.

jueves, 12 de enero de 2012

Instrumentos de medir, para sentir.


Tomó la autopista de los celos. Total, siempre había estado pensando en el final; incluso desde el principio.

No se lo había dicho a nadie. Se había limitado a sonreír al suelo, y ya sólo podía mirarle con un vaso de vino de por medio; o a través del humo de lo que ella decía que era un cigarrillo.

Aunque las confidencias, los miedos e incluso los mordiscos de la almoahada seguían sabiendo a gloria; revisar sus pensamientos le empezaba a saber a rancio. Ya no sabía terminar sus frases como antes, y se le había olvidado quererle en serio.

Las mañanas le sabían a arrepentiemiento, y la justicia personal había perdido la cabeza. Se había vuelto una experta en pretender un futuro perfecto; construyendo los cimientos sobre un pasado imperfecto.

Sin embargo, él acabó hipotecando su vida para hacerle un jardín de rosas. Hubiera perdido lo que fuese con tal de ganarla a ella, y hubiese firmado un contrato con el diablo; sólo para salvarla a ella del infierno.

Saboreaba cada segundo, respiraba cada minuto y se ahogaba en ella cada noche. Lo que veía es lo que creía. Lo que había, no lo quería ver. O quizás no sabía verlo.

Después de no mucho tiempo, y de unas cuantas promesas caducadas, ella decidió dejar la autopista y conducir hacia el vacío. Pensó que dejándolo solo podrían aprender a vivir; cada uno a su manera, sin miramientos.

Sin cruzar los sentimientos.

Ella con sus metodos, y él con sus pensamientos.