jueves, 19 de enero de 2012

La venus atrapamoscas


Aún llevo puestas tus heridas de guerra. No me las quito nunca, por si alguna vez se me olvida que no quiero cruzarme contigo. De hecho, todavía escuecen. Así que me agarro al dicho; el alcohol cicatriza todo, incluso los arañazos más profundos. Incluso los besos más superficiales.

Llueve. Hoy llueves. Yo también lluevo, pero tengo mis motivos. Dejé la capucha en casa, y la pena en el paragüero.

Tenías las palabras en el bolsillo derecho, y las mentiras en el bolsillo izquierdo. Espero no tener que recordarte, ni con qué mano escribes. Estaba claro cual de los dos llevaba el agujero hecho.

Salí a dar un paseo con la mala suerte, pero ni con esas tuve la ocasión de encontrarte; y presentaros. Que yo también sé cantar canciones tristes, ahogarme en los vasos de agua y echar a volar con alas de cera.

Quien ríe el último ríe mejor.

Enhorabuena.

A mí se me ha olvidado como se hacía.

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