martes, 7 de febrero de 2012

Las peleas de la "Y" y del "no".


Una vez me crucé por la calle con una chica muy guapa. No me dijo nada, pero andaba muy rápido, y me dedicó una mirada que me contó todas sus ganas. Era una de esas personas que lo querían todo, pero que se conformaban con más bien poco.

Su cuerpo tenía forma de guitarra, y sus dedos forma de teclas de piano; pero como ella era de corazón desacompasado, se decicó a desfibrilar los talentos de otros. Para revivirlos más y mejor que nunca; aunque fuese sólo para que disfrutasen por sí mismos.

Vivía en la sombra del tiempo, y todos los días intentaba encender el Sol para poder salir, viajar, volar y plantar sonrisas en las caras de la gente.

Se podía ver que tenía sensibilidad múltiple a los puntos medios, y es que siempre caminaba por el borde de los extremos, de puntillas y sin paraguas. El equilibrio no consistía en no caerse, si no en pensar que es imposible caerte. Por supuesto, jamás contemplaba la posibilidad de mirar hacia abajo; eso, pensaba ella, era para los débiles.

Pero compensaba esta enfermedad con placeres de cualquier vida tranquila, con cervezas a las cuatro de la tarde y sueños de por la mañana. Para cuando la llegases a tocar, ella te había tocado diez veces; y para cuando la llegases a entender, ella te habría sorprendido. Si, diez veces.

Me hizo pensar que no hablaba mi mismo idioma, porque las frases en mi boca seguían los raíles de sus pensamientos; y claro, se olvidaban de seguir los míos propios.

Pero volviendo a lo que decía; que por mucho que griten los demás instrumentos la guitarra no se queda callada.

1 comentario:

  1. Dios. Vale. UFF.
    No puedo hablar.

    No sé, si digo que me encanta, ¿será suficiente?. No creo, pero, me encanta.

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