domingo, 2 de diciembre de 2012

#1

Y puede que nos digan que no. Y a sabiendas de que da igual. De que somos como piedras y tropezamos con verdades que se enamoran de nosotros y siempre dará igual; porqué no. No nos cansaremos nunca de querer y que nos cueste. Que nos acuesten. Cueste lo que cueste.

Esperaremos los veinte cigarrillos de un paquete para contar los tres escalones del tren en bajito, a la vez que sus tacones. Juraremos que sólo ella será la chica Bond, la reina de su cama o la que se levanta antes que tú para empujar el sol por las mañanas. Y quedarse dormida a tu lado. Aunque sea de espaldas.

Venderemos el sofá para que nos manden a dormir al suelo y sentirla en el espacio.

Aunque vuelvas siempre a lo mismo, a tu cama y al porro, al poema y sus letras de tus manos. A darte igual la lluvia y a despeinarte el pelo. A acordarte de ella con la mano en la polla y a ver todas las formas convexas y puntiagudas. A recitar su nombre y llorar con sus poemas.

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