viernes, 14 de diciembre de 2012

Inacabado (I)

Hablo de ti porque de mí ya no sé nada.

Me levanto para prepararle el desayuno a la inercia, o para no hacerle la putada al sol, y darle las gracias por el color de ojos que te pone cuando le miras directamente.

No hay suficientes drogas en el mundo, incluyendo las que no tienen receta, que puedan hacerme sonreír tanto como tu mano en mi espalda.

Como tu lengua en mi culo.

Como tu espada en mis paredes.

Puede que se me hagan las once, no sé si de la mañana o de la noche, y no hay dormido aún pensando en ti. Me da miedo dejarle mis sueños al azar y que por casualidad no aparezcas y me toque otra vez.

Echarte de menos.

Pero bueno, mientras haya papel de toda clase seguiré pensando sin miedo a quedarme con un "puede que no se entere nunca".

Mientras siga lloviendo dos de cada tres días seguiré creyendo que es invierno. Y menos mal que a las seis viene la luna a decirme que por lo menos, la compartimos a ella.

A veces se ríe y me dice que ojalá no llegue el día que me toque subir tan alto, y ya no por el vacío, si no por el vértigo. Yo le digo que me da igual, y que en el momento que me cojas de la mano o de donde quieras subiremos a despeinarla y con suerte, a quitarle el puesto.

Pero yo aquí estoy,

esperando el "manos arriba, esto es un arresto".

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