domingo, 30 de junio de 2013

Así estoy yo, sin mí.

He conseguido distinguir entre diferentes tipos de rojo y aun no he encontrado ninguno que se parezca al mío.

He intentado saltar más veces de la cuenta y el único sitio al que he llegado ha sido al fondo. Y a veces, hasta lo he tocado un poco.

He perdido la vergüenza cada vez que me miraban justo cuando no sabía qué decir. Por falta de palabras o por omisión de información. Y al final no he dicho nada.

Me he reconocido menos veces de las necesarias en los espejos, y el reflejo nunca se ha parecido lo suficiente a una sonrisa como para querer seguir buscándome.

He vuelto más veces que el asesino a la escena del crimen, y sólo he encontrado restos que me ha costado ver como míos. Y siempre he preferido dejarlos donde estaban.

He hundido tantos barcos que ya no me queda hierro en la sangre para construir unos nuevos. Y al final resultó que uno de esos barcos era el mío propio.

He enterrado tantos besos que he perdido los mapas para encontrar esos besos. Y se han acabado disolviendo en la arena.

Hay tantas cosas en mi cabeza que muchas de ellas se mezclan y pierden el sentido. Y luego no me he esforzado en ordenarlo todo y empezar a leer desde el principio.

Me he perdido tantas veces que incluso estando tú en el mismo sitio, también te he dado por lo mismo que yo; perdido.

Y he repasado tantas veces mi lista de tropezones que siempre me olvido de que el último,
todavía me tiene,

tirado en el suelo.



1 comentario:

  1. A todos nos cuesta reconocernos en el espejo de vez en cuando.
    increíble.

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